La semana pasada participe en un evento de AI for Good en Ginebra, un espacio que esta siendo centro en las conversaciones globales sobre inteligencia artificial (IA) y que esta semana abordo su aplicación en contextos humanitarios. Recomiendo verla, ya que fue una conversación profunda, desafiante y, sobre todo, urgente para las organizaciones de la sociedad civil que realizan acción humanitaria.
Bueno, se habló mucho de la tecnología y herramientas, sí, pero sobretodo de algo que me parece aún más importante y que creo que es lo que defensores de derechos humanos y sociedad civil podemos aportar a la conversación: las personas y su dignidad. Especialmente, aquellos quienes trabajamos en contextos complejos, de emergencia o de violencia tenemos un papel fundamental que jugar.
Me preguntaran: ¿Qué tiene que ver la sociedad civil con la inteligencia artificial? Pues, puede parecer lejano sin embargo, estamos ante una puerta con muchas oportunidades al parecer. Muchos de nuestros días están ocupados atendiendo necesidades urgentes, buscando recursos, documentando violaciones de derechos o acompañando procesos comunitarios. Pero justamente por eso, tenemos que estar en estas conversaciones. Porque el uso de la IA en la acción humanitaria ya está ocurriendo, y si no participamos desde el principio, no solo corremos el riesgo de quedar fuera de los espacios donde se decide cómo se diseñan, implementan y evalúan estas herramientas, sino también fuera de aprovechar el gran aporte que esta inteligencia puede aportar a nuestra acción.
Muchas cosas se nombraron sobre en donde se esta usando la IA, desde identificar necesidades prioritarias en emergencias, analizar grandes volúmenes de datos sobre desplazamientos, seguridad alimentaria, salud, optimizar la distribución de recursos en crisis, hasta traducir en tiempo real para comunidades desplazadas y mejorar procesos de rendición de cuentas con comunidades afectadas. Por supuesto, todo esto suena potente, pero también plantea preguntas difíciles y retos que debemos responder antes lanzarnos sin miramientos: ¿Quién decide qué datos se usan? ¿Qué pasa con la privacidad de las personas que atendemos? ¿Cómo se evitan los sesgos que puedan agravar desigualdades? ¿Cómo se protegen los derechos de quienes están en situaciones de mayor vulnerabilidad?
Y en todo esto ¿dónde entra la sociedad civil? Desde escucha en el evento, me gustaria destacar tres cosas que me parecieron clave para que más organizaciones de sociedad civil se animen a involucrarse:
1. Hay espacio para participar, aunque no seamos expertas en tecnología. La conversación no es solo para programadores, tecnologos o centros de investigación. Se necesitan nuestras voces como defensores y organizaciones de la sociedad civil para poner sobre la mesa las realidades del terreno, los impactos humanos, los derechos y las afectaciones a la dignidad en los contextos donde los datos no siempre existen o no se pueden recolectar fácilmente.
2. Hay muchos temas urgentes que debemos analizar e impulsar desde nuestro trabajo, así como tareas pendientes que abordar como: la ética en el uso de datos humanitarios, la participación de comunidades en el diseño de soluciones, las brechas tecnológicas, exclusión digital de grupos vulnerables, y la evaluación de riesgos y beneficios en contextos frágiles.
3. Hay que formar comunidad. Una de las claves que más se mencionaron en esta discusión es que no se puede trabajar esto desde el aislamiento. Las organizaciones que logran avanzar en estos temas lo hacen participando en redes, compartiendo lo que aprenden, y construyendo alianzas con centros de investigación, universidades, o instituciones internacionales. Necesitamos un espacio común para articularnos desde la diversidad de los aportes.
Desde nuestro lugar como defensores y en sociedad civil, no podemos quedarnos al margen de esta discusión. Si no estamos presentes, alguien más decidirá por nosotras cómo se aplican estas tecnologías con criterios que pueden estar alejados de principios y estándares internacionales que protegen a la personas. Pero a la vez, no estar implica que no aprovecharemos las ventajas y la transformación que ofrece la AI con un infinito camino de posibilidades.
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